
La vida, nuestra vida, solía estar dividida en dos esferas: la esfera de la realidad y la esfera de los sueños. Normalmente, la esfera de los sueños está contenida dentro de la esfera de la realidad, aunque la línea que separa ambas, a veces es tan fina, que no sabemos si estamos en una o en otra. Incluso hay situaciones y momentos que partiendo de una, por azares o decisiones comienzan en una y acaban desarrollándose en la otra.
Las dudas sobre donde estamos surgen cuando parte de nuestra vida, de nuestras acciones, se suceden en la esfera virtual. Algunos viven esta esfera con mayor intensidad que otros, dependiendo del uso y disfrute que se da a este adelanto tecnológico que es Internet.
Las relaciones en Internet, y no me refiero exclusivamente a las relaciones amorosas, alcanzan una nueva dimensión por cuanto se basan casi exclusivamente de palabras. No suele haber gestos, no suele haber tono y no suele haber imágenes. Esto también supone un esfuerzo, pues si realmente queremos transmitir sentimientos o sensaciones, debemos rebuscar en nuestro vocabulario para que nuestras palabras lleguen cargadas de todo aquello que conforman el pensamiento completo.
Así que, cuando alguien te manda un beso “virtual” ¿a qué se está refiriendo? ¿Es un beso que queda en una especie de limbo? ¿Un beso que debo recibir a través de un medio que no es el habitual, el encuentro de unos labios con una mejilla? ¿Es un beso sentido?
Creo que la esfera virtual existe, en cierta medida, como existen los sueños. Y al igual que los sueños dejan en nosotros remanentes que nos condicionan en decisiones y sensaciones, la esfera virtual consigue en nosotros efectos similares.
Ahora bien, cada uno coloca la esfera virtual en la proximidad a la realidad o a los sueños que considera más adecuada, lo que puede resolver en percepciones diferentes respecto a quién envía un mensaje a través de esta esfera y a quién lo recibe.
Y tú ¿dónde ubicas la esfera virtual?
Las dudas sobre donde estamos surgen cuando parte de nuestra vida, de nuestras acciones, se suceden en la esfera virtual. Algunos viven esta esfera con mayor intensidad que otros, dependiendo del uso y disfrute que se da a este adelanto tecnológico que es Internet.
Las relaciones en Internet, y no me refiero exclusivamente a las relaciones amorosas, alcanzan una nueva dimensión por cuanto se basan casi exclusivamente de palabras. No suele haber gestos, no suele haber tono y no suele haber imágenes. Esto también supone un esfuerzo, pues si realmente queremos transmitir sentimientos o sensaciones, debemos rebuscar en nuestro vocabulario para que nuestras palabras lleguen cargadas de todo aquello que conforman el pensamiento completo.
Así que, cuando alguien te manda un beso “virtual” ¿a qué se está refiriendo? ¿Es un beso que queda en una especie de limbo? ¿Un beso que debo recibir a través de un medio que no es el habitual, el encuentro de unos labios con una mejilla? ¿Es un beso sentido?
Creo que la esfera virtual existe, en cierta medida, como existen los sueños. Y al igual que los sueños dejan en nosotros remanentes que nos condicionan en decisiones y sensaciones, la esfera virtual consigue en nosotros efectos similares.
Ahora bien, cada uno coloca la esfera virtual en la proximidad a la realidad o a los sueños que considera más adecuada, lo que puede resolver en percepciones diferentes respecto a quién envía un mensaje a través de esta esfera y a quién lo recibe.
Y tú ¿dónde ubicas la esfera virtual?
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